Simón Rodríguez fue un revolucionario en su época. Tenía una
visión clara de cómo y qué producto quería obtener de sus alumnos. Además de plantear la gratuidad de la
educación, de involucrar al estado como dador de este derecho para el
ciudadano. Su ideario permanece en el tiempo y aunque en su época fue tildado
de loco. Hoy día sus planteamientos modelan el actual sistema educativo
venezolano con éxito.
El
maestro del Libertador se caracterizó por ser una persona que generaba
divergencias. Sus ideas no eran bien vistas por una sociedad muy conservadora y
que se encontraba jerarquizada. Él en su escuela rompía paradigmas, con un
nuevo modelo que integraba ambos sexos en el aula de aprendizaje, algo inédito
a la fecha, finales de 1700. Incluía la práctica a la teoría, como método de
enseñanza en una sola unidad.
En
el siglo XIX este ideario se encontraba desfasado con la práctica educativa de
la época. Fue expulsado de países como Bolivia, donde trató de imponer su
sistema educativo y no fue bien visto por los ciudadanos de ese país. Estos
aspectos controvertidos fue lo que le impidió incorporar su didáctica en las aulas de clase
o implantarlas como sistema educativo tanto en Venezuela como en Bolivia.
Situación de aprendizaje
En este aspecto, su pensamiento de “instruir y
acostumbrar al trabajo para
hacer hombres útiles y construir patria con
sus propios habitantes” tiene dos axiomas, uno es instruir, que no es más que
dar conocimiento o saberes y el otro es acostumbrar al trabajo. Construir un
ciudadano que seguro de su conocimiento y desarrollando sus destrezas, va a
obtener la satisfacción de tener cubiertas sus necesidades.
Ver
a la educación como potenciadora de un modelo de ciudadano que se generará en
el aula. Se formaran ciudadanos que se les siembren en la mente los valores
patrios con el fin de construir
república, en y desde la escuela. Así es la escuela donde se imparten
las reglas de conducta que harán al ciudadano que necesita el Estado. De esta manera a través de la educación se
genera el cambio en el orden establecido.
Uno
de los postulados que esgrimía Rodríguez, era sembrar en el alumno el sentido
que lo más importante era “saber que tener”, esto conlleva asegurar que
al tener conocimiento se puede obtener todo. Adicionalmente el Estado debía
suministrar la instrucción de manera gratuita y proveer el tiempo y espacio
para ello. Esto se haría a través de escuelas artesanales que unirían la praxis
con la teoría aprendida.
Estructura didáctica
El
principio de explicar a los niños el porqué de lo que se aprende, incentiva e interesa al
alumno en lo que está estudiando. Vincula la teoría a la práctica y allí se
hace de la premisa Por Qué, un punto de interés. Esto es, el objetivo de
estudio que el persigue.
El
maestro debe tener conocimiento de cómo impartir una clase, para ello debe
dominar el arte de educar al impartir la
“instrucción social” que no es más que cubrir las áreas de destreza que un
alumno debe adquirir. Estas áreas son: Técnica
para hacerle experto; científica para hacerlo pensador y corporal para
hacerlo fuerte.
En la didáctica la premisa de “Llamar, captar
y fijar la atención son las tres partes del arte de enseñar”. Si el docente le fija al alumno el objetivo a
alcanzar y la razón de alcanzarlo, esas tres
premisas cambian de significado, pues el docente no tiene que realizar
ningún esfuerzo ya que el alumno aprendió a construir saber.
Formulación metodológica
Para cumplir con el currículo que responda a
las necesidades de la sociedad donde vivía, Simón Rodríguez plantea los
objetivos a los alumnos para motivarlos al aprendizaje, luego al añadirle la
práctica el alumno consolida el sentido de la enseñanza.” No hay interés donde
no se ve el fin de la acción”.
El
promover el vínculo entre la teoría y la práctica, crea desde la perspectiva
social un contexto de que debe existir, la unión entre el trabajo y la
educación. Esto reflejará el modelo de sociedad productiva y solidaria que la
nación necesita. Adicionalmente el alumno se visualiza para hacerse útil para él y su sociedad.
Categorización el currículo
El
maestro Rodríguez planteó una escuela básica con materias adecuadas a la sociedad
donde se desenvolvía: Matemáticas; física; química; historia natural. El castellano
y quechua como idiomas y una escuela de oficios para las mujeres. Propone unas
maestranzas en albañilería, carpintería y herrería.
Pedagogía de la modernidad
Innova al proponer una escuela mixta. Algo nunca visto. Donde niños y
niñas comparten los espacios del aula. Esta escuela mixta conlleva la escuela
social. Donde se modela al ciudadano que se desea y se brinda la posibilidad de
educar con la doctrina republicana. La coeducación, donde se es instructor y
alumno simultáneamente. Esto ayuda a la gente a mejorar sus condiciones de vida,
ya que al aprender enseña y obtiene beneficios.
Otro
aspecto que se genera en este tipo de aula, es la idea de ser otro como forma
de pensar desde sí mismo y romper con lo que se sabe predeterminado. Se acciona
un proceso pedagógico constructivista, donde el alumno genera un cambio desde él
mismo y para su entorno social.
La
escuela para el ciudadano
El estado debe proveer de educación a sus
ciudadanos. Esta debe ser gratuita. También se debe facilitar el espacio y
tiempo para la misma. En el aula se debe impartir un conjunto de normas que los
alumnos deben comprometerse a cumplir. Así se crea el ciudadano que se necesita
y desea.
Al
educar se obtendrá alguien que sepa y por consiguiente que haga. El maestro
debe saber enseñar. Al saber dar las primeras instrucciones, el alumno sigue
enseñando, pues todo lo que se aprende después es porque sabe cómo aprender. La primera escuela
o básica, es la que debe requerir de la atención del Estado.
Simón Rodríguez fue un visionario para su
época. Actualmente su ideario se aplica con éxito en el sistema educativo
venezolano.

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