Saturday, September 22, 2007

Una alternativa en la propulsión de los satélites para su posicionamiento


Resumen

Este artículo propone un medio de propulsión diferente a los carburantes usuales en el espacio. Esto es con la finalidad de alargar la vida de los satélites y de aliviar el peso que los tanques y motores producen en ellos. El artículo se divide en una introducción donde se expone brevemente la evolución histórica de la carrera espacial en el aspecto de propulsión. Luego se expone un desarrollo basado en investigaciones y experimentaciones no solo de los Estados Unidos, sino de Rusia, Japón y países Europeos en materia de propulsión alternativa a los carburantes. Por último las conclusiones las cuales  prevé que el futuro las naves espaciales estarán impulsadas por velas solares.


Introducción

Desde el inicio de la era espacial, el hombre ha buscado una alternativa para impulsar los cohetes sin necesidad de llevar un carburante que le agrega un peso adicional y que le limita la vida útil  al satélite. Actualmente existen tres alternativas a la propulsión con carburantes. La primera y que actualmente está a prueba, los motores iónicos. La segunda la propulsión fotónica que está en fase de experimentación y es el tema fundamental de esta investigación y la tercera la propulsión plasmica.
Desde 1903, Kristian Birkeland propuso que las perturbaciones magnéticas que acompañaban a las auroras boreales eran causadas por grandes corrientes eléctricas.



Campos electromagnéticos generados en las auroras boreales


Posteriormente estas corrientes se conocieron como “electrojects aurorales”. Esto desencadenó un debate porque había algunos autores que afirmaban que estas corrientes se originaban en la ionósfera y no en el espacio. En 1969 Schield, Dessler y Freeman propusieron una teoría de cómo esas corrientes se podían generar en el espacio. Ese mismo año Naoshi Fukushima en Japón apuntó que esas "corrientes de Birkeland" conectadas a la ionósfera serían casi “invisibles” desde el suelo, produciendo solo una pequeña perturbación magnética, debido a que los campos magnéticos contribuían a cancelarse en varias partes de su circuito.
Desde la evolución de la carrera espacial los científicos notaron que el espacio exterior no era totalmente vacío, sino que existía un viento suave que era perceptible en las aeronaves espaciales y los satélites que orbitan la tierra.


Desarrollo

Este artículo propone la energía fotónica del sol como medio propelente para el posicionamiento de los satélites. Utilizar solo el empuje de la luz solar como medio de propulsión... la idea parece fantástica, pero es perfectamente realizable.
Képler observó que la cola de los cometas no es una estela que deja a lo largo de sus trayectorias, sino que siempre se extiende en sentido opuesto al sol, y atribuyó este fenómeno a una fuerza de repulsión ejercida por el sol que rechazaba unas partículas expulsadas por el cometa. Mas tarde en 1870, Maxwell predijo que la luz ejerce una presión sobre los objetos. Esta predicción se confirmó experimentalmente a principios del siglo pasado. Los fotónes solares reflejados por un espejo situado cerca de la Tierra ejercen sobre éste una presión de 9 micronewtons por metro cuadrado,  unos diez gramos-peso por hectárea. Esta fuerza, aunque parece despreciable, no lo es si se aplica a un objeto de gran superficie y poca masa situado en el espacio exterior, en condiciones de ausencia de rozamiento.
El sol producirá sobre la más ligera vela solar imaginable una aceleración de unos cuantos milímetros por segundo cuadrado, miles de veces menor que la producida por un cohete. La vela solar utiliza esta presión de forma parecida a como lo hace la vela de un velero que usa el viento terrestre para propulsarse.
Los velámenes solares son, esencialmente, enormes espejos de tela reflectora muy fina. Los fotónes de la luz solar rebotan en esa superficie y dan a la vela un empujón suave que, en teoría, propulsa la nave.
 El inconveniente es el tamaño que deben poseer las velas. Sin embargo se están estudiando distintos tipos de diseño ya que la vela debe ser suficientemente grande para ser una superficie reflectora eficiente y no demasiado grande para que no sea maniobrable.




Vela redonda tipo persiana fuente:


Esta vela debe consistir en una lámina de material reflectante, como puede ser el filme mylar usado para proteger el vehículo espacial del sobrecalentamiento, una armazón de vigas para mantenerla extendida y transmitir su presión al vehículo y un mecanismo que permita la movilidad de la vela.


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Satélite con velas solares


Es importante que la lámina sea reflectora como un espejo. Reflejar la mayoría de la luz, casi dobla la presión cuando la vela se encara frontalmente hacia el Sol. Pero, más importante, la vela, debe tener movilidad y así poder inclinarse en ángulo hacia los rayos del Sol, para poder impulsarse en una dirección determinada. Cuando la vela se enfrenta frontalmente hacia el Sol, la presión de la luz contrarresta el empuje del Sol y solo permite que el satélite lo rodee en una órbita ligeramente grande. Sin embargo, colocándola con un ángulo, puede situar al satélite en una órbita espiral hacia dentro o hacia fuera.




 
Giro de acuerdo a la presión fotonica y orientación de la vela


 Aunado a este diseño eficiente de la vela que se está buscando, está el sistema mecánico que acciona el posicionamiento de las velas para que estas se encuentren en la dirección adecuada para recibir los rayos solares. Es posible que se tengan dos juegos de velas a diferentes niveles o mejor que las velas se puedan direccionar independientemente para que accionado el sistema de posicionamiento, su orientación al sol y a la tierra permita ir en la dirección adecuada para reposicionar el satélite en su orbita.
Lo que nos quedaría por resolver seria el empuje inicial, para que la vela responda a esta presión solar. Para ello podríamos usar  las estaciones terrenas que le dan posicionamiento al satélite. El satélite  se reporta periódicamente a ellas y verifica su posición. Si el detecta   que se está saliendo de la orbita, desplegaría las velas y las direccionaría hacia la estación terrena próxima. En la estación terrena existe un reflector que apunta a la orbita del satélite. El satélite envía un haz de rayos laser hacia la estación quien con un cierto ángulo reflectará el haz laser que apunta a la trayectoria del satélite y así darle el empuje inicial necesario para vencer la fricción inicial y  las velas  comiencen su propulsión. El satélite debe estar en una posición de frente al sol  e igualmente a la estación terrena. Esto nos daría las regiones cercanas a los polos como punto de inicio de la propulsión. Si el satélite va a estar en el lado oscuro de la tierra, las otras estaciones terrenas ayudaran a la propulsión enviando la reflexión del haz laser a las velas de manera constante hasta que el satélite estabilice su aceleración y velocidad  y así poder hacer la maniobra necesaria para corregir su orbita. Esta  maniobra llevaría un tiempo, posiblemente meses, en realizarla ya que la propulsión por velas es lenta.  Una vez alcanzada la corrección, las velas se repliegan y el satélite sigue su curso.



Satélites reflejando haz laser


La ventaja de las velas solares estriba en que la presión que ejerce la fuente fotónica sobre las mismas es constante.
Las velas solares ya han sido probadas tanto por la NASA como por la agencia espacial japonesa. La idea, sin embargo, no es nueva. Ya la contemplaba hasta el director de cine George Lucas, que para la última trilogía de la Guerra de las Galaxias equipo una   nave muy similar a la Cosmos 1 con propulsión fotonica y velas solares.



Aeronave cosmos 1



En la actualidad en Estados Unidos se llevan a cabo pruebas con diferentes diseños para velas solares y la Sociedad Planetaria, un grupo sin fines de lucro, prepara el lanzamiento de su primera vela solar.
Los hermanos Benford: Gregory Benford, de la Universidad de California, y James Benford, quien opera la firma  Microwave Sciences de investigación aeroespacial en Lafayette (California), trabajan en un proyecto en el que se irradiaría energía de microondas desde la Tierra para que impacten en las moléculas volátiles de una pintura formulada especialmente y aplicada en la vela.

Conclusión

A través del tiempo el hombre en su búsqueda de explorar nuevos horizontes, ha inventado maneras de conseguir un combustible ideal, limpio y que no genere tóxicos. El sol con su energía fotonica y térmica han estado siempre allí, para ofrecerla, no solo existe  esta posibilidad fotonica para propulsar las naves, también existe la energía  del plasma, que se denomina el cuarto estado, y que es la liberación de electrones de los átomos convirtiéndolos en iones. Como se puede concluir no existe diferencia entre una vela solar y una marina, en el aspecto de propulsión y maniobrabilidad para impulsar una nave en una dirección, que no sea la presión de la energía fotónica o el viento. Para llegar a estos avances se debe acortar el espacio que existe entre la ficción y la tecnología, para que esta pueda ser aprovechada. Entonces  al igual que Colón en sus viajes de exploración, las naves interestelares se propulsarán con velas.



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