Luego
de los últimos acontecimientos en el país. Estuve pensando en las películas de televisión
sobre el Medio Oriente, allí en medio de una guerra la gente sigue su vida e
incorpora los ataques, las bombas como un incidente más. Al lado de los
escombros de casas y carros destruidos, hay cafés donde la gente se reúne para
hablar de sus asuntos. Al ver esta situación, me pregunto. Por qué no huyen?
Hoy al vivir ésta primavera en Venezuela comprendo que la vida continúa
paralela a estos acontecimientos. Ahora no se sale de noche, las diligencias se
realizan en la mañana. Se está pendiente de las redes sociales para saber si
hay calles cerradas o manifestaciones que se tornaron hostiles.
Hace
como un mes o más vi una serie de Corea “El guerrero Baek Dong Soo”. Allí muestran las
tradiciones y cultura de ese país en su época medieval. Aunque hay mucha
violencia, pues presentan las tradicionales luchas con artes marciales y para
ellos éstas incorporan el sable y cuchillo, también presentan valores que se
cultivan en sus tradiciones: El respeto a sus mayores, a los maestros; La
igualdad de género; La lealtad; La amistad; La trasmisión de sus tradiciones; El
trabajo en grupo.
Extrapolando
sus realidades a nuestra cultura, se puede decir que las telenovelas muestran
nuestras realidades y costumbres también. Si en ellas no se resaltan valores es
porque nuestra joven sociedad, comparada con la oriental, no las tiene
enraizadas en su conciencia y costumbres.
Es bien sabido, los humanos como cualquier sociedad al encontrarse acorralado
reacciona de igual manera a las ratas cuando no tienen comida. Pelean unas
contra otras.
En una
sociedad humanista que no puede resolver las necesidades básicas de sus integrantes,
estos buscan respuestas por otros caminos. Si las ideologías no satisfacen sus necesidades,
sus líderes deben revisar, corregir los lineamientos que les da ese dogma. Responsabilizar a otros por los errores
propios es la peor muestra de irresponsabilidad. El dicho dice “Errar es de
humanos y corregir es divino”. Hay sabiduría
en rectificar políticas.
Como colectividad debemos dejar a un lado los
fanatismos. Revisar profundamente el comportamiento de nuestros custodios de
las libertades, derechos y soberanía. ¿Cuál fue el fallo allí? ¿Qué hacer con los adoctrinados con valores
contrarios al espíritu libertador de la Institución? Realmente es una obra titánica la que se
enfrenta. Esto sin hablar de los poderes públicos. Rescatar el valor de la alternabilidad
de la democracia y el relevo generacional.
En
toda sociedad existen los menos favorecidos. Porque no tienen destrezas,
educación o capacidad. El Estado debe protegerlos pero no convertirlos en
personas conformistas e inútiles. “Enséñalos a pescar…” Para el
desenvolvimiento de una sociedad sana y productiva, unido a la satisfacción de
las necesidades básicas se debe rescatar los valores del gentilicio y la
identidad. Así, se podrá evitar el distorsionamiento de los valores que nuestro
pueblo debe practicar.
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